Evaluación

La evaluación es un proceso integral y colaborativo, realizado de la mano de la familia y también con información aportada por los centros educativos o los contextos en los que el niño/a participa. Además del uso de herramientas de evaluación estandarizadas y validadas.

 

Nuestro objetivo es comprender de forma global el perfil del niño, sus necesidades, su entorno, su autonomía, su día a día… para poder ofrecer una intervención realmente adaptada y eficaz.

 

Este proceso busca identificar con precisión cuáles son las dificultades y fortalezas en las diferentes áreas del desarrollo , para diseñar un plan de intervención personalizado.

¿Con quién y desde dónde
hacemos la evaluación?

Trabajamos junto con la familia, recogiendo su visión, sus preocupaciones, su conocimiento del niño/a, sus rutinas, contextos, hábitos e historia evolutiva.

Cuando el niño acude a guardería, centro educativo u otros espacios (terapias, actividades, etc.), solicitamos información remitida por esos centros: informes, observaciones, valoraciones y datos relevantes.

De este modo realizamos una evaluación multidisciplinar y contextualizada: no basamos nuestro análisis solo en la sesión con el niño, sino en su entorno real y cotidiano, con todos los matices que eso supone.

¿Qué incluye nuestra evaluación?

En estas reuniones:

  •   La familia aporta información esencial sobre el desarrollo, historia, rutinas, hábitos, dificultades observadas, contextos (hogar, colegio, actividades), sensaciones, comportamientos.
  •   Se dialoga sobre las preocupaciones, prioridades y metas: qué les gustaría mejorar, qué es más urgente, qué esperan del proceso.
  •   Este paso es clave para contextualizar al niño en su vida real, entender su entorno y las demandas/expectativas familiares, y orientar la evaluación hacia lo que realmente importa.

Además de la información aportada por la familia y centros, realizamos sesiones de observación con el niño en consulta. En estas sesiones:

  •   Observamos el funcionamiento durante el juego: cómo se mueve, cómo interactúa, cómo responde a estímulos sensoriales, cómo regula su cuerpo y su atención.
  •   Evaluamos posturas, reacciones sensoriales, coordinación, motricidad gruesa y fina, praxis, habilidades funcionales, interacción social, concentración, regulación emocional/atencional, etc.
  •   Este tipo de observación nos permite ver “en vivo” y de forma natural cómo el niño se comporta, se relaciona, explora, reacciona: algo que no siempre se capta solo con entrevistas o cuestionarios.

Complementamos con pruebas estandarizadas que nos permiten situar el desarrollo de la persona en referencia a parámetros normativos, obtener perfiles sensoriales, funcionales, de desarrollo global, y datos objetivos para orientar la intervención. Cada especialidad de intervención hace uso de herramientas estandarizadas y validadas. En función de las necesidades de la persona, cada profesional selecciona la herramienta en concreto.

¿Por qué esta combinación de métodos?

Porque el desarrollo infantil y el funcionamiento ocupacional son complejos y multifactoriales. No basta con una sola perspectiva. Gracias a:

  •   La información de la familia y del entorno
  •   La observación directa del niño
  •   Las pruebas estandarizadas

podemos obtener un perfil lo más completo, realista y válido posible, lo que permite diseñar un plan de intervención verdaderamente personalizado y eficaz.

 

Además, esta metodología respeta la singularidad de cada niño y cada familia —no hay “plantillas universales”—, sino que partimos de su realidad, sus desafíos, sus recursos y sus metas.

¿Qué conseguimos con esta evaluación?

Detectar dificultades en procesamiento sensorial, integración sensoriomotora, autorregulación, praxis, motricidad, autonomía, funciones adaptativas, participación, etc.

Conocer las fortalezas del niño: sus recursos, capacidades, su conducta adaptativa y sus intereses.

Situar al niño dentro de su contexto real: hogar, escuela, actividades, rutina.

Ofrecer un informe claro, con datos objetivos y cuantitativos, que sirva como base para intervención.

Proporcionar a la familia una visión clara del perfil del niño, sus necesidades y prioridades.

Facilitar la planificación de un intervención individualizada, adaptada y coherente. Siempre de la mano de la familia.

¿Cómo se estructura el proceso de evaluación?

Transparencia y colaboración con la familia y el entorno.

Consideramos fundamental que el proceso de evaluación sea claro, colaborativo y respetuoso. Por eso:

–      La familia participa activamente: su voz, su visión, su conocimiento del niño son clave.

–      Si el niño asiste a un centro educativo o terapéutico, pedimos su colaboración aportando informes o información que consideren relevante.

–      Explicamos cada fase, cada prueba y cada resultado, para que la familia entienda qué se está haciendo, por qué, y qué implican los resultados.

–      Garantizamos confidencialidad, respeto y empatía, siempre con el objetivo de ayudar, orientar y colaborar.

Estamos para ayudarte

La evaluación es un camino de conocimiento, comprensión y acompañamiento. Gracias a un trabajo bien estructurado, multidisciplinar y participativo, conseguimos un diagnóstico integral, no solo de dificultades, sino también de capacidades, que sirve como base sólida para cualquier intervención posterior.

 

Este enfoque nos permite acompañar a la familia desde el respeto, la evidencia y la individualidad, siempre poniendo en el centro al niño, su bienestar y su desarrollo con dignidad y realismo.

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